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miércoles, 4 de enero de 2012

Graciela González Blackaller



Graciela González Blackaller


28 –Dic.-2011

Quise conocer personalmente a una gran dama tamaulipeca cuando escuché su legado cultural y de amor en voz de una gran pintora y poeta en el tercer encuentro poético de los Santos Días de la Poesía, precisamente en Abril del 2011.

Por desgracia, no pude realizar mi sueño, ese sueño de tratarla y convivir con ella para entregarle alegría en sus tiempos difíciles. Se nos adelantó a ese viaje eterno donde algún día todos iremos, antes de realizar nuevamente mi viaje a Cd. Victoria.


Al menos la conocí por medio de fotografías, de anécdotas que me relataron y algunas de sus obras por medio de la voz de NoraIliana Esparza Mandujano, pero fue una fotografía de Doña Graciela, la que me llamó poderosamente la atención, tan solo esa fotografía para mi tan especial, que era como si me invitara a conocer su alma y permitiéndome hacer un breve recorrido en su interior.







Conociendo a Doña Chelita

Atravieso la esencia de Chelita, como cariñosamente le llamaban sus seres queridos a través de una fotografía.


Mírate Chelita, mírate, que tus suaves ojos irradian ternura, germina una paz que envuelve y abriga, en tu leve sonrisa apropiándose de tus labios, recitan anhelos, quimeras dormidas, tal vez en espera de ser escuchadas para liberarlas de tu corazón.


Mírate Chelita, mírate, ese amor tan tuyo, quizá haya sido defraudado, pero sigue ahí, cubriendo la esencia de tu ser, obsequiándolo a quien te mire o escuche, entregándolo a aquellos afortunados quienes se acercaron a tu lado, a quienes desearon percibir tu voz incansable en el arte de la palabra, absorbiendo tu sabiduría que brota mágicamente por tu devoción, tus letras tan vivas como tu gran corazón en el baúl de las remembrazas.


Mírate Chelita, mírate, la palidez de tu apacible rostro donde escondes una tristeza infinita, incansable creadora de poetas, legando tus dones y en tus enseñanzas realzan la literatura tamaulipeca, cada minuto celebrado en arduas y preciadas tareas lo reflejas en tu figura admirada.


Mírate Chelita, mírate, que yo te miro con cariño y admiración, expresas tu dulzura en cada línea de tus facciones, me dices no pudiste esperarme para alimentar el alma, el espíritu de bondad, pero siempre estará esta fotografía, esta mágica fotografía donde me prendí al descubrir tu Ser. Chelita, Tu rostro lo llevaré siempre en mí.


Descansa en paz.


Pili González
(Piliveryblue)

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